domingo, 20 de enero de 2008

El Tiovivo




En el estante del cuarto de Blanca hay un Tiovivo antiguo de juguete, de madera, que está un poco roto. Un día, Blanca le preguntó a su padre que de dónde había salido, y le contestó que llevaba en su casa toda la vida, y antes en la de sus padres. En esta época de videoconsolas, nintendos DS y minijuegos, un juguete así es algo raro, y los niños no saben muy bien qué hacer con él. Tiene cuerda en la base, y si funcionase, música cuando da vueltas. Estos juguetes antiguos sólo sirven si le funciona al niño el coco, y tiene imaginación.

Pablo cogió el Tiovivo del estante, y se cayó al suelo, despanzurrándose. Cuando recogieron los trozos, dentro encontraron un papel muy antiguo doblado. Lo abrieron con mucho cuidado para no romperlo, y vieron como estaba escrito en un alfabeto extraño,

Есте югуете пертенецциó а ла Гран Дуqуеса Анастасиа, Зарина де тодас лас Русиас. Ахора виво ен Суиза, ы си енцуентрас есте папел, подрáс лоцализарме ен ла цаса де мадера qуе хаы а 5 кимометрос дел лаго де Гинебра церца де Уо.

Se quedaron todos asombrados, y Pablo dijo a su padre. ¿Papá, hemos encontrado un mensaje secreto?. Su padre les dijo que creía que estaba escrito en ruso, o en algún otro idioma eslavo, y que sí parecía algo muy antiguo. Pablo volvió a decir ¿Papá, por qué no le dices a Slava que te lo traduzca? (era un señor ruso que hablaba muy bien el español porque había estudiado en Cuba).

Así, fueron a ver a Slava, y les dijo que ese escrito decía que el juguete pertenecía a la Gran Duquesa Anastasia, Zarina de todas las rusias, y que ahora vivía en Suiza. Slava se quedó conmocionado, y muy nervioso. Cuando le preguntaron porqué, les contó que en la época de la
revolución rusa (en 1918), toda la familia del Zar (algo parecida al rey) de Rusia fue asesinada y se dice que sobrevivió sólo Anastasia, una de la hijas de Nicolás II. Desde entonces, se la ha intentado encontrar, pero nunca se ha podido. Ha habido mucha gente que ha dicho que era Anastasia, pero todas eran falsas. Este papel parecía que lo había escrito la auténtica Anastasia. Además, decía cómo encontrarla en Suiza.

Se fueron a casa, y empezaron a hablar del tema. Pablo y Blanca querían ir a Suiza a ver si la encontraban, y Gonzalo también. Al final, encontraron unos billetes de avión de Easyjet, y fueron todos a Ginebra. Alquilaron un coche (un Panda) y siguieron las indicaciones del plano. Llegaron a una casa en una montaña, era preciosa, y muy antigua, toda de madera, en un paisaje lleno de árboles, riachuelos, piedras y pájaros.

Se acercaron y llamaron a una campanita que había en la puerta. Les abrió una señora muy muy mayor, y les dejó entrar a su casa, que estaba llena de juguetes antiguos, muñecas, trenes, coches de hojalata, y ejércitos enteros de soldados de plomo. Le enseñaron a la señora el Tiovivo, el papel y le contaron la historia. La señora les reconoció que sí, que ella era Anastasia, y que se escondió en Suiza para que no la mataran los soviéticos. Les dijo que siempre había vivido como una niña, y coleccionando juguetes. El Tiovivo se lo había mandado a la Bisabuela de los niños, ya que en un viaje que hizo su bisabuelo Enrique, (que era astrónomo) a Suiza en 1940, la había conocido, y le había regalado el Tiovivo para la Abuela de Blanca, Pablo y Gonzalo.

Así la conocieron. Les contó toda la historia de su familia, y les explicó cómo los juguetes habían llenado su vida, ya que siempre había tenido que vivir escondida. Después les invitó a merendar chocolate Suizo, que estaba buenísimo. Siguieron hablando y hablando (y jugando), se hizo de noche y les hizo una cena rusa, luego durmieron allí en cuarto lleno de literas. Todos volvieron a España muy contentos de la aventura que habían vivido. A la semana de llegar a casa, les llegó un gran paquete por correo. Anastasia había seleccionado juguetes de su colección para regalar a cada uno de los tres niños. (Y dentro de los juguetes había más papeles con su nombre e historia).


¿Descubrirán los nietos de estos que son hoy niños la verdadera historia de Anastasia?




domingo, 13 de enero de 2008

Papiroflexia


Había una vez una casa con tres hermanos, que estaba llena de juguetes. Los hermanos tenían 11, 9 y 7 años, y eran dos niños (los mayores) y una niña. El cuarto de la niña estaba repleto de muñecas y de juegos, y jugaba con ellas todo el tiempo. El niño de 9 años, que se llamaba Pablo, jugaba también mucho, ya que en su casa no le dejaban estar pegado a la tele ni a la videoconsola, (no querían que se volviese tonto).

Un día, su padre descubrió que en el cuarto de Blanca (así se llamaba la niña), había una muñeca de papel muy bonita, y le preguntó que cómo la había hecho. Ella le dijo que le había enseñado una niña nueva de su clase, que era medio japonesa.

Un día en el recreo, Pablo bajó al campo se segundo, para hablar con la niña, que era hija de un japonés y una española, y se llamaba Clara Nakayama Gómez. Ella les contó que en Japón hacen unas figuras de papel que tienen la forma de casi cualquier cosa, y que es un arte muy antiguo, y que en la familia de su padre eran maestros. Que ella no sabía casi nada (los japoneses enseñan a que hay que ser siempre modesto, no hay que decir nunca que uno es guapo, no listo, aunque lo sea), pero que su abuelo, que vivía en Japón era un Maestro del Origami, que así se llama. Les invitó a ir una tarde a su casa, a merendar.

La madre de Pablo y Blanca les llevó un sábado a merendar a la casa de Clara, mientras Gonzalo (el hermano mayor) iba a jugar al tenis con su padre. Cuando llegaron a la casa se encontraron con que en ella, los muebles, los platos, los cubiertos, la televisión, el teléfono, los juguetes, todo lo que había en la casa era de papel, ¡pero funcionaba!.

Comieron unos pasteles japoneses, y la madre de Clara, que se llamaba igual, les contó que tenían un secreto en la familia, y que no lo podían contar a nadie. El abuelo de la niña era el mayor maestro de Origami de Japón, y había desarrollado tanto la técnica después de haber estudiado toda su vida. Podía construir cualquier cosa que se propusiera, de papel, y hacer que funcionara después. Si hacía un mueble, éste se volvía resistente y duro. Si hacía una televisión, luego funcionaba, y así con todo. También les dijo que su abuelo había venido sólo una vez a su casa de España, y que en una semana les había construido todos los muebles. El padre de Clara no había sido capaz de aprender Origami, pero Clara parecía que si podría, ya que ella misma se construía todos sus juguetes.

Pablo y Blanca se hicieron muy amigos de Clara, y le pedían que les enseñase sus técnicas de Papiroflexia (que así se llama en español el arte de hacer figuras de papel). Así, durante ese curso, consiguieron aprender a hacer algunas cositas de papel, pero claro, no conseguían que funcionasen.

Cuando ya llegaba el verano, ocurrió una casualidad. Su madre había mandado un cupón que llevaba un paquete de cereales, y les había tocado un viaje para toda la familia a donde quisieran. Como Clara iba a ir a Japón ese verano, insistieron e insistieron en que fueran todos a Japón, y así pasó.

Japón es muy diferente, aunque no te enteras de nada porque todo está escrito en Japonés, y no hay manera de aprenderlo en unos días. Fue un viaje fantástico, sobre todo cuando Clara les acompañó a visitar a su Abuelo, que vivía en una casa en el campo, bastante alejada de Tokyo.

Les llevó a ella un Tío de Clara, que sabía español, en un Toyota (era de verdad, no de papel). Cuando se acercaron, vieron que la propia casa era de papel, aunque estaba pintada de tal manera que hasta que no estabas al lado no te dabas cuenta. El abuelo tenía el pelo blanco, y su ropa era también de papel. Era muy educado, y aunque no sabía mucho español, se esforzaba en que le entendieran. Les contó que su familia hacía Origami desde hacía más de mil años, y que el era el gran maestro, que ninguno de sus hijos había aprendido, y que sólo tenía una nieta, Clara, que tenía aptitudes para llegar a ser maestra, pero como vivía en España era muy difícil, salvo que se trasladara a Japón. Estuvo toda la tarde enseñándoles algunos trucos, que Pablo y Blanca aprendieron como esponjas.

Cuando volvieron a su casa, estaban todo el día pensando en el viaje, pero todo pasa, y así volvieron al cole, y se dieron cuenta de que Clara no había empezado el curso. Nadie sabía nada, así que le mandaron un correo electrónico cuando llegaron a su casa, y ella les contestó que su abuelo la había convencido para ser gran Maestra de Origami, y que tenía que quedarse a vivir en Japón.



Los niños se quedaron muy tristes, y no volvieron a saber de ella más, hasta al cabo de unos años. Vieron en la tele que una chica hispano-japonesa había inventado unos coches que funcionaban sin gasolina y que eran ¡¡¡de papel!!!


miércoles, 2 de enero de 2008

Blog de Cuentos


Este nuevo blog que creamos hoy va a servir para dejar escritos algunos de los cuentos que nos inventamos por las noches en casa cuando los contamos antes de ir a dormir. Como son improvisados, puede que nos cueste mucho trabajo plasmarlos en la pantalla, pero cuando pase un tiempo y a mis hijos ya no les gusten demasiado los cuentos, si conseguimos copiarlos, pueden tener un recuerdo. La mayoría de los cuentos se basan en objetos de los que hay en casa, o en personas conocidas o supuestamente conocidas. Tiene un especial protagonismo la ciudad de Ibi, que fue el paraíso de los niños en mi infancia. recuerdo cómo mis tíos de Madrid venían a Alicante y compraban juguetes, ya que las mejores tiendas y fábricas estaban aquí.

Algunos de los cuentos son El Sombrero Dorado, La Caja de Música, La máscara de conejo, el espumillón de oro, la Torre de Babel, el Sombrero Plateado...

Ya veremos si sale algo. ¡Ah!, es un regalo de cumpleaños para Blanca, que ya tiene 7 años. Colaborará especialmente Pablo, de 9 años.